TEXTOS

Timeshift, Llevat Soy, Mabel.

El afán de evasión en que se sumergen las artes visuales cubanas no es un fenómeno local. En las palabras al catálogo para la 26 Bienal de Sao Paulo, el curador Alfonso Hug expresaba que: Los artistas crean un territorio libre de dominación y, con él, un mundo opuesto al mundo real: un país del vacío, del silencio, de la introspección, en el cual el frenesí que nos rodea es detenido por un instante.(1) Ya se ha hecho conocida la postura antipolítica de la Bienal, pero lo curioso es que los artistas invitados por Cuba llevaban otrora un sello fuertemente político y social en sus obras que han cambiado el tiempo (Carlos Garaicoa, René Francisco Rodríguez y Esterio Segura). La creación de los artistas cubanos se ha hecho mas transnacional, y no precisamente porque se incrementaron los lapsos de tiempo en que trabajaban fuera del país, teniendo como motivo su inserción en el sistema de becas, el trabajo en residencias o para exhibiciones colectivas o personales, sino por la obtención de una fórmula de apariencia formal impactante, atrayente, sin complejidades, para facilitar su inclusión internacional y una pizca de ironía sobre aspectos del contexto actual. El ámbito de circulación hegemónica del arte ha tensado los hilos que obligan a los artistas de la periferia a hacer de sus obras ejercicios estereotipados, con códigos de fácil lectura, en fin, una versión asimilable llevada a diferentes medios y rozando peligrosamente con la inmadurez de representaciones simbólicas algo manidas. Quien pretenda pasar por encima de estas circunstancias tendrá que recordar junto con Kevin Power que Por mucho que resistan, lo global permanece en lo local y por lo tanto la resistencia se mina desde dentro.” (2) Lo importante no es preguntar si los objetivos del Salón se han cumplido a cabalidad, cuando queda materializada su propuesta de mostrar los nuevos derroteros del arte cubano y las mutaciones que van imponiéndose en cada uno de los discursos artísticos. Para definir estos cambios nada mejor la obra de Humberto Díaz y Analía Amaya, que se convierte en eficaz metáfora del momento al representar la ejecución de un ejercicio en lugar del acto de pasión o juego erótico que implique placer y goce de los sentidos con que se identifica el arte. Las abdominales de estos artistas exponen un hecho irrefutable en ese despliegue de indolencia e indiferencia tan evidentes y demostrando que al autor entrenado en seguir las reglas del juego se le va a agotando cierta capacidad de convencimiento o de seducción. No fueron pocos los comentarios que calificaron las obras del Salón como meros ejercicios plásticos que no se correspondían con el nivel alcanzado en otras ocasiones. Una cosa es que algún grupo de autores se dedique a explorar las posibilidades de una experimentación formal que suspenda toda la abrumadora carga de connotaciones sociales y políticas hasta llegar a la abstracción más pura, y un fenómeno muy curioso es que se haga tendencia. Al verlo nos preguntamos si es una extraña adaptación a leyes de otra dimensión, un ejercicio de imitación en que las obras se ponen en sintonía con otro tiempo, otro mundo; pues así como la fotografía aceleró el tiempo del arte hasta llegar a la instantánea, el video arte, el mundo de la informática y la realidad virtual lo aceleran aun más hasta que se convierte en una carrera contra reloj que quizás muchos no sean capaces de asimilar. Pero no se debe desechar nunca la experimentación, sino la forzada necesidad de constante renovación en que se aprisionan los artistas, que puede tentarlos a cambiar de medios y de estética, lo que nos lleva a ver autores tan consistentes como Fernando Rodríguez, realizando un mero ejercicio tecnológico en el que su obra nos sigue atrayendo visualmente, pero que parece condenarlo a un pedestal de inflexible glorificación. El coqueteo con la tecnología y los nuevos medios ha comenzado como una estrategia pretendidamente experimental, que no llega a activar con fuerza una relación interesante imbricada al discurso propio de los diferentes artistas. Los nuevos medios se plantean en otros países una perspectiva confrontada al mercado que busca nuevas vías de interacción pública y contestataria con respecto a los órdenes institucionales. En años pasados las propuestas cubanas de una verdadera naturaleza subversiva eran enarboladas por elementos de una cultura joven que, como menciona Tonel en su texto era una generación “que estaba produciendo focos de cultura sumergida, contestataria, en áreas como la música rock y en el comportamiento social, con los llamados freakies, sector juvenil distinguible por una marginalidad de sabor punk” y del que hoy nos quedan solo algunos de sus protagonistas en activo, separados de toda esa “explosividad de acciones públicas y exposiciones polémicas”. Con cada vez menos intersticios de acción en una sociedad que a partir de la crisis económica, ha modificado también el pensamiento de una forma radical. Pero debemos decir que aun con un estilo similar, los resultados pueden ser variados. En las investigaciones de Luis Gómez, Ernesto Leal, Erick García y Walter Velázquez, hay que reconocer la autenticidad en la manera en que se han impuesto el vacío como disciplina purificadora y el matiz subversivo que cobra en ellos este desasirse de una referencia contextual directa. Las obras de Luís Gómez son abordadas con una poética que se envuelve en un misticismo trascendental y que se hace eficaz por la energía con que nos trae preocupaciones sobre ese flujo poderoso e invisible que es Internet, nuestro mayor aliado para desafiar el aislamiento. O en las fotografías de Ernesto Leal, de una callada y sutil ironía que ha suspendido la reflexión obvia para obligarnos a seguir el curso de sus elucubraciones simbólicas. Erick García y Walter Velázquez son dos artistas que se han ganado un espacio por sus ambientes sugerentes la fuerza de sus instalaciones de apariencia inusual, pero que esta vez se presentaron con piezas de un nivel menos cuidado de la necesaria limpieza formal como-instrumento comunicativo en que descansan sus obras. EI asunto se hace más complicado cuando otros artistas se suman a la corriente y parece imponerse una estética de visible inexpresividad hierática, donde se llega a uniformar la sencillez en la linealidad más frágil. Algunos creadores que han mostrado mayor eficacia en otras ocasiones no llegan a alcanzar el nivel de las obras con que se hicieron conocidos, como es el caso de la cuerda que se va uniendo al “atar cabos” de José A. Vincench o la puerta de Glenda León que parecía necesitar otra perspectiva más favorecedora. Pero no solo el arte ha cambiado de sensibilidad, sino también la infraestructura de especialistas y críticos que gira entorno a él. Un ejemplo podría ser una obra como la de Humberto Planas, que ha recibido elogios desde las aulas del ISA y que unos años antes habría sido condenada por cualquier comisión por considerarla propia del estilo escultórico, cubano más conservador. Lo que nos demuestra que sin dudas han cambiado nuestras herramientas para valorar la obra de arte actualmente y en estos juicios están influyendo un sinnúmero de factores locales, pero también otros que nos llegan como una sacudida trasnochada de la moda mundial. No pienso que en el Salón hubo ausencias lamentables, aunque sería interesante recoger las opiniones de jóvenes que comienzan sus estudios y ven este evento como un patrón del arte nacional, y también las de representantes de la política institucional que siempre lo han tomado como posibilidad de renovación y recuperación del vacío causado por figuras que se han alejado o comprometido con encargos mercantiles. Este evento organizado por el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales puede ser al mismo tiempo patrón y, esperanza, sueños de posibilidad y paradigma ideoestético. No quiere decir que sus curadores tengan que cumplir con todos los criterios, sino ver como a través de las diversas opiniones se refleja la cantidad de agentes que mueven en el campo artístico cubano y su papel específico actual y futuro. Al “privilegiar determinada corriente expresiva” el Salón se arriesga, con su forma de apostar por la experimentación, a producir enconados debates. Muchos lugares como las aulas del ISA, de las que sus curadores nutrían las filas de seleccionados, parecen sobrevivir como monumento de un antiguo esplendor que no califica ya como imprescindible cantera. Allí se está observando cierto, empeño –aún insuficiente- por revitalizar la pintura en una búsqueda de paradigmas y asideros iniciativos. La casi ausencia de esta técnica artística en el Salón parece demostrar tres cosas, una, que queda desterrada de los proyectos curatoriales más avantgarde debido a la escasa experimentación en él medio, dos, la existencia de un esquema que legitima como protagonistas del “verdadero” arte contemporáneo a los artistas que trabajan con obras tridimensionales, y tres, como sucede casi todo el mundo, que la pintura queda ‘limitada” al terreno más comercial. En cuanto al espectro de propuestas artísticas actuales, vemos que todavía en ese camino homogéneo y conformista van sobresaliendo los mejores esfuerzos, como el gesto de Jorge Luis Marrero en su más irreverente faceta, que educe con una grandilocuente sátira sobre el poder, o la pieza de Alexandre Arrechea que impresiona por la manera en que ha logrado retratar un enfrentamiento desigual y convertirlo en danza, juego, sueños de posibilidad y dialogo con lo imposible. Entonces el dilema ya no reside en si se tratan de obras criticas o no, sino en la manera en que han ido cambiando las estrategias, economizando medios y depurando lo obvio, pero perdiendo por otro lado la riqueza de investigaciones o actitudes antidogmáticas, satíricas y cuestionadoras. Ganando con la experimentación frecuente en lo formal, pero condenándose por la utilización de temas manidos y la falta de exploraciones conceptuales, a nichos intocables de solemnidad minimalista en que se ahogan después de “consagrados”. (3) NOTAS 1-EI título es una cita a la última edición del Ars Electrónica que aconteció en el año 2004 en la ciudad de Linz, Austria. 2-Kevin Power. Navegando por el Caribe: negociando el camino entre islas y lenguajes: piensa sol, ve sombra. Cat. 2001-2002. 3-Árbol de muchas playas del arte cubano en movimiento. (1980- 1999). Antonio Eligio Tonel. Revista Arte Cubano no. 2, 2004.