TEXTOS

Ámbito heterotópico, Calvo, Onedys

La trasgresión de construcciones delimitantes, tanto física como culturales, es una tentación perpetua en la sensibilidad contemporánea. Las fronteras difusas y lo intangible subyacen en nuestras prácticas de manera tan sutil como recurrente. Precisamente estos lugares, a la vez míticos y reales, en los que ocurre cierto desplazamiento del canon social y que se prefiguran como espacios alternativos para la realización en ocasiones contracultural, fueron definidos por Michel Foucault en 1967 bajo el concepto de heterotopía. Los campos del arte y de las producciones experimentales son especialmente prolíferos para la confluencia de utopías múltiples, para el exorcismo y la catarsis. El ámbito expositivo que propone en esta ocasión Factoría Habana, se regodea en el quehacer de cuatro creadores que, graduados del Instituto Superior de Arte (ISA) después del 2000, han tenido un llamativo protagonismo durante la última década. Son artistas de individualidades bien definidas pero que comparten una misma sensibilidad generacional en la que predomina, como conducto de lo conceptual, la exploración en las posibilidades semióticas de los objetos y los elementos visuales plásticamente connotativos, así como un sospechoso dominio de la techné, para proponer discursos cada vez más alejados de narraciones localistas. Estas piezas en tránsito entre la instalación, la escultura y el environment no solo constituyen correlatos subutópicos y expectantes de determinados fragmentos de la realidad, sino que convierten el escenario de exposición en una dialógica zona heterotópica: la ciudad virtual minuciosamente tejida por Duvier del Dago; la provocativa tentación hacia otros estados posibles desde reminiscencias ¿infantiles? De JEFF; la sugerencia potenciada en la propuesta de Wilfredo Prieto y el insólito emplazamiento de un ready made subvertido de Humberto Díaz, ilustran de manera hiperbólica y escenografía diferentes contextos reales y subjetivos. Asimismo el complejo proceso de gestión e instalación de cada pieza –abierto al público para permitirle ser espectador más activo de la concreción del hecho artístico-, y al camino, denodado y a veces frustrado, de la curaduría, han conformado una muestra que pretende mirar con toda intención hacia la propia naturaleza del arte, con la primigenia y en apariencia ingenua voluntad de contemplarla y apenas asistir a sus provocaciones de realización alternativa.