TEXTOS

Fluid, Fernández, Frency.

SÓLO LAS TINIEBLAS Y LA CORPOREIDAD DEL ESPACIO “desaparecería” para nosotros experimental una sensación de tránsito, de sucesión temporal, algo agónica por nuestra fobia a la oscuridad. “Iluminarnos”, algo vital y espiritual, se traduciría físicamente en una difuminación de los naturales limites temporales que llaman al reposo. Y es que no nos permitimos el cansancio, sino la búsqueda; porque ese reposo es sinónimo de la muerte: del fin de nuestro “mínimo” tiempo. E] hombre ha querido comprender y dar respuestas a sus dudas sobre el tiempo. Los modos en que se concibe se acercan cada vez mis a una confluencia —tal vez ganada y perdida en el pasado: y de presumible reunión futura, de lo científico con lo espiritual. El punto medio se haya en esa idea de que existen diferentes tiempos, construcciones más o menos viables para la comprensión (le una suerte de trauma humano. Iras él, solapado, se halla el olvido: la amnesia. Y mucho de lo que se piensa hoy es consecuencia de ello. Como alivio está las ideas de la regresión. Para explicar la existencia hemos tenido que regresar” constantemente y como de espaldas al futuro nos construimos desde un “pasado” (1) Todo fluye. Lo que concebimos como futuro puede ser ya presente y éste ya pasado. Si percibimos esto podemos inferir que el hombre es siempre “el mismo” pero siempre es “diferente”, porque en esa sucesión temporal hay algo que cambia en nosotros. El tiempo parece aniquilar al espacio. Ambos comprendidos históricamente en curioso maridaje. El primero parece adquirir un peso fundamental, sobre todo a partir de las ganancias de la filosofía y la ciencia contemporáneas y de una espiritualización que al occidente actual le viene del “no occidente” cultural.(2) “Hoy” nuestras nociones y acciones son desafiadas por la necesidad de flexibilidad de los horizontes temporales que nos rodean o están por acaecer. Sus actuales constricciones exigen repensarlo no como ese tirano que nos domina, sino en tanto futuro liberador. Aunque se preconiza insistentemente que se acaba el tiempo para la salvación del mundo: más si pensarnos en lo que significa alterar dramáticamente nuestros estados de la existencia. LA VANIDAD HA HECHO CREERNOS aptos para asimilarlo todo sin percibir que mucho pensamiento y cultura creados son relecturas de nociones esenciales que han sido ora revisitadas, ora refutadas, para inventar “nuevas” expresiones. Creemos en la infinidad y complejidad de los discursos del hombre. Pero lo esencial que desplata a un segundo plano toda voz o representación resalta que nuestra expresión —y en ella las artes— se reduce a unas pocas cuestionantes reinventadas o transformadas. Ello deviene de una perturbación emancipatoria que nos conduce a la eterna pregunta del surgimiento, el decursar y el posible fin de “la existencia”, siempre cuestionándonos nuestro lugar y transcurrir en el Universo; en el espacio-tiempo. Y no percibirnos que buena parte de nuestra “evolución” ha sido expresiva o instrumental. Mas las “grandes preguntas” siguen latentes para andar por el camino. (3) Vivirnos en un mar de desajustes y conflictos temporales. Pensando a fondo, nuestra obsesión contemporánea en torno al “desarrollo” individual, grupal o social, es un debate sobre nuestra relación con el Tiempo que degradado a esa sucesión de momentos inconexos que al parecer vivimos, nos sume en un sinsentido. Por eso nuestros conflictos con el Tiempo nos conducen a una crisis de sentido. (4) Con tanta celeridad, retraimiento y sobreestimulación humanos, padecemos demasiados contenidos de conciencia imposibilitados de encontrar espacios—tiempos dialógicos y relacionales. La desinformación, hoy también por sobreinformación frena las capacidades reflexivas de asimilación en detrimento de la reactivación de una conciencia crítica, Ello exige una cultura de resistencia temporal que edifique e1 espíritu —y no su nihilismo— frente a los discursos de poder que nos hacen creer mucho como “novedoso” y nos obnubilan nuestro sentido. HOY ASISTIMOS a un desgobierno de los tiempos. Como incapaces para organizar con la razón las múltiples temporalidades que nos afectan, más si nos reconocemos con una incapacidad media cultural para proyectarnos en la futuridad. Muchos vivimos en un tiempo del espectáculo que se “modela cada vez más fugaz, más clip. Asistimos al bombardeo de esa vertiginosidad que hace también de nuestras expresiones artísticas destellos de nuestros contrasentidos, láseres controlados en su “vida”, por ende en su tiempo. Paradójicamente mucho de lo que interesa a las poéticas visuales es ese trauma ante una temporalidad intempestiva que nos colma de brevedades mediante discursos que intentan reenquiciarnos ante el tiempo agredido y que nos agrede. En consecuencia nos exponemos a una colisión de tiempos, a una suerte de ubicuidad instantánea que origina una “contracción” cultural, de la historia del pasado... del espacio—tiempo. Entonces el arte parece el terreno para afirmar y disentir. Consustancial al hombre, el arte manifiesta un especial “viaje” de regreso: porque es “imposible’, al menos eso creemos, el regreso real. Una de sus zonas actuales —que lucha por no desespiritualizarse y a la vez por penetrar la ciencia y valerte de sus herramientas— evidencia más su naturaleza paradójica porque proponiéndose esa regresión, esos desplazamientos o Iógicas imbricaciones, se enfrenta al reto de querer otorgar una humanidad que no poseemos a una humanidad futura, inexistente, aún por formar: es entonces la ensoñación de una realidad posible en otro tiempo. En el arte se vive el presente y el pasado, hasta se virtualiza un “futuro”. Se viven realidades imposibles de experimentarse de otra manera. Incluso partiendo de elementos particulares puede extenderse hacia una universalidad que lo hace trascendente. De tal modo nos dispone como seres de todos los momentos en él contenidos. Tal capacidad de transportación no es dada al cultivo por todos los individuos. Esta suerte de máquina del Tiempo es dable gracias a una capacidad imaginativa y psicológica, aptitud puntual para establecer esos saltos en el tiempo y sabemos en un ahora como expresión de nuestra experiencia vivida. Es posible por la dádiva de tina intuición sensible que se fortalece por el cultivo de los sentidos y el brote de nuestras emociones. Ora exorcismo, incertidumbre, armonía o plenitud al arce le impele ser medio reflexivo sobre la recuperación del tiempo una liberación que lo desenajene de las sujeciones que la sociedad contemporánea ha condicionado, que permita recuperar el tiempo para SER humanos. LOS LUGARES SON PROCESOS y los espacios son tiempos. Los nuestros nacen de retrasos y acercamientos respecto al espíritu de cada época. Padecimos una colisión traumática de temporalidades diferentes y aún convivimos con una noción ontológico-cultural que hace cohabitar diversos tiempos donde se empastan en simbiosis lo venido de la península ibérica y la impronta africana, donde se ha padecido y gozado el ser un espacio de esplendor sobre otras naciones vecinas, donde se entremezclan los tiempos contenidos en cada momento, expresión o visualización nuestros. En una vecindad poco cartesiana, nuestras existencias han sido posibles en medio de velos temporales que expresan un frecuente barroquismo ecléctico* acaso ilógico para otros juicios culturales, que denota un heredado horror al vacío. A un vacío físico y de espíritu y por ende de tiempo. Porque el vacío favorece la desmemoria y nos hace vernos sin ese pasado que siempre estamos rememorando y (re)construyendo. El existir expresa una duración donde el espacio se evidencia como un lugar de coexistencia. El nuestro ha sido de fuertes cohabitaciones, ora más tensas, ora más consensuadas, que nos remiten a esos referentes culturales mencionados sin olvidar cierta influencia desde una impronta asiática, desde una cultura cosificada y mediática norteamericana y un menor predominio euro oriental en la infraestructura social y en el mundo material común. Más recientemente vivimos carencias de lo más elemental y el ritmo de recuperación —recuperación de un tiempo perdido— se acerca a los niveles de vida (de los años ochenta del siglo XX, lo que supone una “distancia” de alrededor de una quincena de años. El Tiempo denuncia entonces su relación con la Historia. Ambas construcciones en nosotros se particularizan por una extraña “no modernidad en medio de una época que te sitúa en otro estadío. Como un poco de todo y de nada, convivimos entre Io preindustrial y Io industrial, entre lo manual y lo seriado. Entre tantas olas, vivimos simultáneamente disímiles tiempos y en esa imbricación la precariedad conlleva el “no estar” ni en un momento ni en otro —ni en un contexto ni en otro— creando la necesidad de apropiar la diversidad y aprehender bajo presión a Ser y ser selectivos. El trauma temporal que podamos padecer se relaciona con la situación en que hemos vivido, que vivirnos, y en el incierto porvenir. Por ello habría que revisar los últimos decenios y cuestionarnos que ha valido la pena de nuestras acciones, qué debemos sacar de tanta tensión violadora de nuestras vivencias. Hemos perseguido encontrar el camino del mejoramiento para perpetuar lo mejor de nuestra esencia humana mediante un sacrificio a favor de una justicia con la que debemos pensar la vida para seguir buscando nuestra piedra filosofal. Pareciera que vivirnos un presente gracias a los fantasmas de un pasado, soñando un futuro que nunca llega. Y no hemos conciliado el punto medio entre tales extremos que nos vienen, sobre todo, del pragmatismo americano y de la soberbia hispana. EN NUESTRO ARTE PLÁSTICO el Tiempo ha sido de interés central o tangencial mas ha estado potenciado en creadores claves, Sin pretender un rastreo de todos, nuestro siglo XX nos ofreció a Pogolotti, con una percepción sobre el “presente social que imperaba en su contexto y en su mira hacia la modernidad. En otro orden. Amelia creaba con su ontologización un “mundo” que nos habla de un tiempo en algo metafísico y con cierta caricia a la permanencia eterna. Con su idea del arte como perennidad en el Tiempo, Ponce aumentó el poder subjetivo y místico de la luz como triunfo hacia la posteridad. Su martirio vital, extendido en arte, transitaba de lo fugaz a lo eterno; extensos que representó corno parte de su trauma temporal. Siendo meditación del hombre sobre sí mismo, su complejidad es de orden introspectivo. Con Lam aflora otra noción antropológica donde el Tiempo se complica al trazar una investigación de orden identitario—cultural. Su simbolismo introduce no sólo una simbiosis en estos órdenes sino que habla de ese mestizaje de tiempos antes referido. Su obra es extensión consciente de un proceso de interrelaciones entre diferentes “tiempos y nociones existenciales, vivenciales, culturales—de orígenes orientales y occidentales—, que al confluir en él lo convierten culturalmente en un “núcleo” de Io universal. (8) En uno de los tantos tiempos de incomprensiones otro “ángel” atormentado, Acosta León, trazó su camino a la regresión. Mayor su martirio temporal hasta su confusa muerte, su “viaje” culmina una infancia enfermiza y pobre que a duras penas alcanzó la edad adulta en un medio de intolerancias presentes y lastres del pasado. El de Antonia Eiriz era un dolor de sabor místico, con el Tiempo como anuncio de la muerte: la espada que pendía sobre su ser. Mucho en ella parecía partir de una aversión, un miedo al Tiempo. Y su poética violencia era un paradójico remedio a esas fobias personales. Volver a Jesús de Armas, gran olvidado, es volver a él es encontrar una investigación en relación con lo aborigen para hablar irónicamente sobre ese mestizase temporal que pervive. En su obra está el pasado hablando al presente, a nuestra amnesia, esa que lo proscribió a la .sombra de la desmemoria. En ese orden de recuperaciones temporales estuvo transitando Mendive, hablando de la herida de la travesía cultural desde África, para de ahí continuar hacia espíritus ubicuos que hablan de lo eterno, de lo que está por encima de nuestras limitadas vidas. Grabadas en la tierra, hechas con el fuego, fijas sobre la roca, las siluetas y huellas de Ana Mendieta son su regreso al origen, a ese ombligo del nacer que tanto la obsesionó como viaje de una experiencia temporal. Era el re encuentro con su matriz, consigo misma, un transitar psicológico y autoanalítico para recuperar un tiempo no vivido o tal vez dormido en su recuerdo, Un tiempo con rostro y forma nos mostró Elso. Dios para él, energía para muchos, quiso fijar o atrapar al Tiempo a su modo, ese que le arrebató su existencia y de mucha obra suya. Trágica lección de lo inasible que castiga nuestros humanos anhelos de eternizamos mediante rituales de vida. El Tiempo también golpeó a Bedia, que propone salvar para el presente una espiritualidad perdida por la vorágine civilisatoria. Su aleatoria visión de las potencias rituales rescata culturas “sumergidas” por la lectura occidental y simbólicamente las dispone en una convivencia de espíritus dormidos pero existentes aún en el presente. Nuestro tabernáculo, donde cotenemos “objetualmente” el pasado vivo, nos es dado también por Torres Llorca. Además nos traslada hacia un “futuro” fabulado para manipular las lecturas de la Historia mediante los recursos arqueológicos. Para hablar de la existencia —manera de ser en el tiempo— resulta imprescindible mencionar a Luis Gómez. Es vigente su mirada introspectiva, donde no interesa develar los misterios de la existencia sino invocarlos en un arte que le es vital, infinito y “único”. De un tiempo a acá más dubitativa y a la vez intensa su proyección, se mantiene indagando en los universales problemas existenciales y sus relaciones con lo místico, lo espiritual y lo crítico, que aunque no excluye un sustrato sociológico, en él se hace más hermético, También la perennidad y remembranza del pasado es recurrente en Sandra Ramos. Sus heterónimos fabulan y dialogan con los fantasmas que nos llegan al presente por la pérdida, la distancia, el vacío que el Tiempo le ocasiona. La destrucción, el deterioro, la degeneración entrópica del espacio, son en Carlos Garaicoa remisiones temporales. Toda asociación suya, tropos que nos sitúan ante un absurdo posible —real— hablan en presente de la emergencia del pasado mortecino: de ese tiempo que aniquila al espacio. Perpetuarse para Lidzie Alvisa ha sido engendrar biológicamente, parir la creación, y ambas se funden obsesivamente. Entre vida y muerte ha pretendido detener lo indetenible; y el Tiempo le ha sido premonición o anuncio, a la vez que “su” extensión infinita. Con la duda como método, Yunior Mariño hace catarsis de su escepticismo en tanto guía a su “plenitud”. Percibe el Tiempo cual espacio del hábito que por “intrascendente” no le damos importancia. El “a menudo” para él es símil del “siempre”. En el fondo su búsqueda es la de la atemporalidad, donde la plenitud es el aquí y el ahora y la eternidad no le ofrece espacio para un minuto. Las obras de Lindomar Placencia también hacen sentir el Tiempo. Nos sitúan en el puesto de lo contradictorio, de lo que parece imperecedero pero que es finito, de la solidez que se desvanece, de la transparencia que se enturbia, de lo que por su apariencia resulta confuso, turbado y lastrado como también puede ser el camino de la existencia. Tratar de atrapar al Tiempo también es parte del camino entre Analía Amaya y Humberto Díaz. La falsa quietud del cuerpo, su sumisión temporal para “crear” el día y la noche, dejar la huella que irremisiblemente desaparece luego, como la lluvia que absorbe la tierra, o perseguir las formas de la luz y la sombra en un jardín de flores cristalinas; todo delata de cada uno esa sutil obsesión por jugar en el punto paradójico que media entre lo mortal y lo eterno, lo efímero y lo permanente. La presente muestra tiene como origen algunos puntos suspensivos que encontramos en la exposición CD—ROOM. (9) Ensayo con el Espacio, nos remitió un Tiempo como proyecto ulterior. Más tarde, al calor de las discusiones y mis excesos en relación con el III Salón de Arte Cubano Contemporáneo: Erena Hernández y Caridad Blanco volvieron a motivarme con Alicia en el País de las Maravillas. (10) Obsesionado desde niño con una percepción infantil, y con los años por la belleza simbólica, matemática y psicológica del libro de Carroll, me “enganché” con claves temporales en situaciones y personajes de la historia que poseen una mayor complejidad en la medida que funcionaron para el inglés como tropologizaciones de la Inglaterra que le tocó vivir y padecer. Así se acerca a cómo cada artista seleccionado ha vivido o padecido “su” tiempo, sin pretenderse como propuesta totalizadora en torno al tema. Su base es la de sentir el tiempo desde diferentes puntos referenciales que pueden implicar una relación con el conocimiento, el lenguaje, la Historia, la vida y el mundo natural, la espiritualidad humana en tanto posible construcción, etc. De tal modo el happening colectivo de Fidel E. Álvarez, nos habla del secreto y la sorpresa; más allá de lo fugaz y de la vivencia de ese instante como una partícula mis de la experiencia individual y compartida. Gozar el instante nos acerca a la fragilidad del presente que prontamente se desvanece en el vuelo de mariposas naturalmente destinada a morir y a quedarse en nuestras memorias. Para él un objeto es parte de ese gabinete humano que delata la sucesión: la memoria. Igualmente para Francisco Anca el objeto puede ser una suerte de muro de “nuestro” Tiempo, del que confunde la linealidad e irreversibilidad del sentido temporal que padecemos con una reiteración usual en la vida común de nuestras circunstancias. Su colecta de radios de diversos momentos potencia con lo ordinario un registro objetual y sonoro por el que habitualmente sentimos al Tiempo. Aquí un verdugo que tortura nuestros oídos para situarnos en el punto de las analogías entre lo lineal y lo cíclico: construcciones que se nos hacen en un falso laberinto informativo. Humano y absurdo “juego” el de revivir las partes dispersas de un ser. La manipulación clínica y disectiva con objetos de laboratorio de Douglas Arguelles busca, con la brevedad vital, registrar un “dibujo” para ofrecer una percepción biológica de lo temporal que nos sitúa en el límite de la vida y la muerte mediadas por el paso del Tiempo. Desde hace tres años Abel Barreto interviene e instala al Tiempo. Su punto de partida está en nexo con el lenguaje y las problemáticas del mismo como emisor temporal. Su fascinación nos acerca a la sincronía y la asincronía, al tiempo implícito en términos y conceptos y al del propio pensamiento. Altera el ritmo natural con el artificial, mira al orden y al caos de las sucesiones que sentimos y nos reconstruye, con el sonido y la pulcritud de sus objetos, mínimos puntos de confluencias en medio de desórdenes numéricos. Esta especie de columna negra de David Beltrán y Edgar Echevarria parece esconder un misterio. La obra parte del trabajo que los creadores hacen con la connotación interventiva de los obstáculos físicos. Aquí, émula barrera del monolito de Kubrick y de la Kaaba musulmana, nos crea una sensación temporal —en este caso atmosférica— mediante el sonido de un viento aciclonado que tan pavorosamente familiar nos resulta en este trozo de tierra donde vivimos, Apuntando a cómo existimos en un universo esencialmente contradictorio, Erick García nos habla de lo aparente y lo real, de lo verdadero y lo falso. Aquí haciendo uso del desfase temporal de la imagen, dispone al espectador ante sus gestos o acciones de segundos antes. En su interés por activar sensaciones, nos mueve a pensar en algo que existió y que se vuelve “presente” por un juego con el tiempo “real”. Jugando con la posible contradicción entre Tiempo y ausencia de temporalidad, José Fidel García registra el lapso de descanso nocturno para indicamos las decenas de miles de días promedio de nuestras vidas en las que parece que no vivimos un tiempo. Su espacio cerrado, como el de esos garajes hechos por reciclaje en las zonas urbanas, pretende hiperbolizar la sensación de reclusión, ahogo, “silencio”, que provoca la noche con sus sucesiones temporales. Justicia en el tiempo, (11) la obra de CARLOS MARCOLETA, transita entre lo místico, lo existencial, lo frágil y lo imperecedero de la vida. Sus poemas, sus obras, expresan una espiritualidad donde el vidrio todo es un reservorio de su memoria: del Tiempo contenido en el pensamiento. Peculiar dentro de una tradición que nos es ajena en la escultura, sus rostros, sus textos, sus nacimientos y muertes, símbolos del hombre, son fijados cual espectros o espíritus que transitan de la vida a la eternidad universal pensada por el autor. Manipulando la temporalidad en tanto medio para abordar la ambigüedad sexual y sensual del ser humano. Rudeilys Placeres centra en la mujer como símbolo construido. Establece una parábola de la temporalidad, sin acudir al discurso de género, indicando modos de insinuación confusos y provenientes de las convenciones morales de la sociedad. Sus selecciones denotan escondidos cambios de proceder que terminan siendo esencialmente iguales en uno u otro género, mediados por esa ambigüedad referida. En consecución con parte de su obra —ora objetos, instalaciones o dibujos—, Eduardo Ponjuán crea un mural de textos. La presencia sutil, como interviniendo un espacio, denota tina expresión de tiempo contenida en la lectura y el soporte lingüístico. De tal modo continúan sus preocupaciones por el conocimiento y la imposibilidad cumplen de este ante nuestro mínimo tiempo que no permite a plenitud, por tan corta existencia y tan largo camino recorrido por el Hombre, llegar a comprender la trascendencia o la banalidad del total de sus escrituras. De la reiteración mecánica de un ciclo temporal a la sombra chinesca, El Soca & Fabián (Adrián Soca y Fabián Peña) vuelven al círculo como duración y enlace. La proyección de un sentido simbólico, sólo conseguible mediante la simulación de un eclipse, nos sitúa en el punto de lo paradójico del tiempo astronómico. Si el eclipse obstaculiza la visión, aquí el efecto es contrario: la posibilidad de “ver” gracias al tiempo. EL HOMBRE ES COMO UNA ISLA con su tiempo. Nosotros que la vivimos la hacemos, la padecemos, hasta la cercamos más o la vendemos. Cada uno hace su isla —refugio, claustro o libertad—, y sin necesidad de regresar. Desde el pasado hay un nexo de regresiones y naufragios interminables e incompletables en el tiempo porque se pierden en él. Símbolos que contienen otros símbolos, textos dentro de textos, tiempos dentro de tiempos. Desde el sueño de la antigüedad oriental y la Grecia clásica hasta hoy, encontramos esa dimensión de la poiésis temporal. Esta nos muestra su evolución en un tiempo circular y analógico que le es inherente. Y no evoluciona en tiempo lineal, histórico, “historicista”. Nos sumerge en una temporalidad diferente donde son pertinentes el “instante eterno” y el “tiempo circular” que intenta vencer a un saturniano tiempo que nos ha querido precipitar hacia la muerte. Ese presente que siempre pensamos, sin una extensión, es tan inasible e inexistente como el punto en el espacio. Tenemos que imaginar que él aparentemente existe sintiendo el pasaje del Tiiempo. Porque el presente ni se detiene ni es puro, siempre tiene partículas de otros tiempos. Y ahí el problema de la identidad cambiante, con la que aflora la permanencia como algo fugaz. Uno es uno siempre, aquí, allá... donde sea: lo permanente es que cambiamos pero no nos reemplazamos o sustituimos. En última instancia unos más despiertos, otros más atontados por la incapacidad de relacionar, todos vamos a volver a ese lugar donde nacen los sueños. Frency La Habana-Varadero-La Habana, Junio-diciembre 2002 *Algunas de estas ideas parten de un texto mayor titulado Fastos, aún inédito. NOTAS 1-Referencias a Liar en Rev. Artecubano, NO. 1/ 2002, p.p. 18-19. Texto sobre parte de la obra de Ponjuán. Aunque la publicación final sufrió errores irreparables, anotaba lo interesante que resultaba constatar cómo el símbolo en cálculos matemáticos significa existe –confundido erróneamente por el símbolo $-; curiosa su inversión, como mirando atrás, que también manifiesta una “regresión”. 2-Pongamos a modo de referencia las influencias desde los cincuenta del siglo XX, y hoy más acrecentando, de las vertientes del budismo en el occidente cultural, o de diversas corrientes del hinduismo, el islamismo con su huella en Gran Bretaña o Francia –ejemplos puntuales-, o los rituales de reservas americanas que perviven en el presente y penetran zonas socioculturales antes ajenas o religiones como la yoruba y la fondahomeyana que, aunque sincretizadas, pernean buena parte de esa zona creída como ombligo del mundo. 3-Iguales referencias a obra citada en nota 1. 4-Ver: Jean Chesneaux, Habiter le temps; Bayard, París 1996 5-El show anunciador, la falseada mise en scéne, la performance social, la teatralización. Esos y otros pueden ser sinónimos de lo que nos encontramos en la sociedad, en varias fuentes teóricas o que resaltan de muchos personajes mediáticos, políticos o culturales. Si bien recuerdo, lo he leído en textos de Ihab Asma, en comentarios sobre las circunstancias culturales contemporáneas por parte del novelista checo Ivan Klima y en conversaciones con artistas. 6-No es nuevo, el arte ha “cambiado” a tono con las transformaciones que se han dado en otros campos de la cultura humana, en parte gracias a sus préstamos e interrelaciones de un campo a otro. 7-Existe una diferencia entre espacio urbano y rural. Esa desigualdad también puede notar entre ciudades capitales, las cabeceras provinciales y os pueblos menores jerárquicamente. Esto se relaciona con probables diferencias en el nivel social, económico o cultural de cada contexto y redunda en nociones distintas del Tiempo. 8-Recordamos a Lam como una suerte de “modelo” transculturativo, más allá de lo meramente mestizo y de lo epidérmico que ello sugiere. Este modelo lo percibimos, al menos, en tres direcciones. Por su condición simbiótica étnicamente: un mulato-lo que implica a las razas blanca y negra- de facciones asiáticas; educado espiritualmente desde niño bajo el influjo de la Santería- otro campo donde la simbiosis entre lo europeo y lo africano está presente-. 9-Curada por Luis Gómez desde diciembre de 200 hasta mayo de 2001. fue una muestra de instalaciones, intervenciones y evironments trabajadas a partir del espacio como obra o en tanto medio conceptual. Participantes: Erick García, Luis Gómez, Inti Hernández, Ernesto Leal, Lindomar Olacencia, El Soca& Fabián. Centro de Desarrollo de las Artes Visuales (CDAV), Cuba, mayo-junio de 2001. 10-Además de releer A través del espejo y lo que Alicia encontró al otro lado, una relectura del mismo Carroll, menos fresca pero más intelectualizada, tras la distancia de una década entre un libro y otro.